• Jorge Taseo Baldeón (Perú), Mercedes Halfon (Argentinien) and Laura Liz Gil (Kuba) cuentan de sus experiencias de participar en las Academias de artes escénicas y el impacto en su trabajo.
  • Jorge Taseo Baldeón (Perú), Mercedes Halfon (Argentinien) and Laura Liz Gil (Kuba) cuentan de sus experiencias de participar en las Academias de artes escénicas y el impacto en su trabajo.
  • Jorge Taseo Baldeón (Perú), Mercedes Halfon (Argentinien) and Laura Liz Gil (Kuba) cuentan de sus experiencias de participar en las Academias de artes escénicas y el impacto en su trabajo.
Área de trabajo:
Cultura
País/Región:
América Latina
Joachim Gerstmeier, director de proyectos de artes escénicas en la Siemens Stiftung

“El arte transforma a través de la vivencia”

Ante el creciente recrudecimiento de las desigualdades sociales, las Academias de artes escénicas EXPERIMENTA SUR, MOVIMIENTO SUR y PANORAMA SUR brindan en Latinoamérica un espacio que favorece el intercambio y el establecimiento de nuevos contactos. Joachim Gerstmeier, director del proyecto, explica en la entrevista con Anne Phillips-Krug cómo surgen de la colaboración artística ideas que contribuyen a reconciliar diferentes perspectivas sociales.

Señor Gerstmeier, acaba de regresar de Bogotá de la sexta edición de EXPERIMENTA SUR. ¿Cuál fue el tema principal de la Academia este año? ¿Han jugado algún papel los acontecimientos más recientes?

En EXPERIMENTA SUR se trata de buscar nuevas formas de expresión escénica que reaccionan a lo que ocurre en el ámbito político, cultural y social. Con el lema «Memoria y olvido» este año se sometió también a debate el proceso de paz en Colombia, que divide profundamente al país ante el dilema entre la paz o la justicia.

El conflicto armado de Colombia al que se refiere se ha cobrado cientos de miles de vidas desde los años sesenta. ¿Cómo se afronta un tema tan delicado?

Por poner un ejemplo, en uno de los laboratorios los artistas participantes se reunieron en una especie de agrupación experimental con expertos de diferentes ámbitos y países: una antropóloga e investigadora de la memoria histórica, un escritor, una jueza, una psicóloga y un abogado defensor de los derechos humanos. Como punto de partida, todo el grupo escuchó la declaración grabada de una víctima del conflicto armado. Durante la reproducción de la cinta, en la que la testigo describe entre otras cosas cómo mata al guerrillero que estaba abusando de su hija, es decir, cómo ella misma pasa de ser víctima a verdugo, el silencio se hizo cada vez más denso entre los participantes. Los expertos tuvieron visibles dificultades para encontrar las palabras con las que analizar el documento desde la perspectiva de su especialización. La jueza, por ejemplo, entró en un conflicto personal a la hora de discernir entre lo que podía considerar humanamente justo y lo que era jurídicamente tolerable. En la segunda parte del taller, los participantes elaboraron junto con los expertos ideas escénicas. Fue apasionante ver a qué niveles de diálogo se logró llegar gracias a la diversidad de los lenguajes artísticos, ya que, naturalmente, cada uno aportaba la experiencia de su propio país de origen.

Silencio: Los participantes escuchan una grabación, en la que la testigo describe cómo ella misma pasa de ser víctima a verdugo.


¿Qué posibilidades y oportunidades cree que pueden surgir de la colaboración entre artistas procedentes de diferentes contextos y países sobre un tema concreto en el marco de este tipo de Academia?


La combinación del diálogo entre expertos y la investigación artística que planteó esta agrupación experimental lo ha demostrado muy claramente: por un lado, necesitamos interlocutores para plantear preguntas que, a veces sin saberlo, pueden llevarnos a cuestionarnos a nosotros mismos. Por otro lado, necesitamos laboratorios como este, en los que también pueda fracasar una idea o un intento, o que a veces conduzcan hasta los límites de las posibilidades de la imaginación y la expresión. Creo que lo más importante es acumular experiencias. Las Academias son un espacio independiente y protegido para la reflexión y la crítica, algo que se encuentra con muy poca frecuencia en las casi siempre precarias condiciones laborales allí reinantes. La oportunidad de detener el ritmo cotidiano y de preguntarse hasta dónde hemos llegado con nuestro trabajo en la sociedad en que vivimos constituye un motor fundamental para la innovación. Convocar a artistas de prácticamente todos los países latinoamericanos no solo garantiza el intercambio y el diálogo, sino que convierte a las Academias en un modelo de trabajo colaborativo del que surgen constantemente nuevas redes.

¿Qué redes e iniciativas de colaboración han surgido en los últimos años?


En 2015, en Buenos Aires, en el marco de PANORAMA SUR se realizó por iniciativa de Cynthia Edul y Alejandro Tantanian, los dos directores, un interesante trabajo, «Palimpsesto», una obra escrita por ocho autores y puesta en escena después por tres directores escénicos, todos ellos antiguos becarios de distintas ediciones de la Academia. Después, en MOVIMIENTO SUR, tres coreógrafos, un brasileño, un chileno y un mexicano se unieron bajo el nombre «Vínculo Sur» para desarrollar proyectos conjuntos en los distintos países a escala local. Aquí la idea central era el deseo de recibir impulsos creativos mediante la unión con los otros coreógrafos, con la individualidad en primer plano, al contrario que en el «Grupo Traficantes», donde se trata de crear algo en común…


El «Grupo Traficantes» está formado por antiguos becarios de EXPERIMENTA SUR y PANORAMA SUR, que ahora son invitados en calidad de integrantes de las diferentes Academias…


El «Grupo Traficantes» está formado por seis artistas procedentes de Argentina, Colombia, Cuba, Perú y Uruguay, que coincidieron en 2016 durante la EXPERIMENTA SUR de Bogotá en una idea para un proyecto concreto y que desde entonces colaboran como colectivo de artistas. Este es uno de los posibles frutos de esta continuidad de las Academias, el desarrollo orgánico de redes de colaboración que a menudo tienen un contenido y una fuerza mucho mayores que las redes institucionales o políticas establecidas, ya que se sustentan mucho más en el interés compartido y el objeto que persiguen.

Para el proyecto de los «Traficantes», los «espectadores» podían registrarse a través de una página web y recibían durante una semana varias cartas escritas a mano.


¿Y el grupo ha presentado el resultado de su colaboración hasta el momento en la EXPERIMENTA SUR de este año?


Exactamente. «Correspondencias» es un proyecto dividido en varias partes en torno al tema «Cercanía y distancia en Latinoamérica». Partiendo de las «Crónicas de Indias», las narraciones de los colonizadores europeos, pero desde una perspectiva inversa, se intercambiaron experiencias, objetos e informaciones de la vida cotidiana de los distintos países y se fusionaron en una colección de materiales. De ello surgieron un proyecto de correspondencia, una conferencia escenificada y una página web. Para el proyecto de correspondencia, los «espectadores» de Cali y Bogotá podían registrarse a través de una página web y recibían durante una semana varias cartas escritas a mano con testimonios de observaciones cotidianas, comentarios políticos y temas relacionados con la sociedad de los países de origen de los artistas. Así pues, partiendo prácticamente de la base de la historia experimentaron con un proceso artístico de expresión escrita que logró generar una red afectiva más allá de las fronteras. El grupo continuará con el proyecto en julio y agosto en PANORAMA SUR y seguirá desarrollando sus actividades como «work in progress» también en otros lugares.

¿Cuáles son los impulsos para la creación de estas redes de colaboración parciales?


Por una parte, entre los profesionales del teatro hay una gran demanda de mayor conectividad en el continente. Por otra, a nivel individual existe a menudo el deseo y la esperanza de expandir los propios horizontes integrando las perspectivas de los demás en el propio trabajo. Creo que esto también tiene que ver con el contexto de muchos de estos países donde la sociedad está sufriendo una profunda división, algo que, por cierto, está ocurriendo aquí de forma similar. Existen innumerables perspectivas y realidades paralelas, y una red de estas características representa también una posibilidad para volver a establecer un vínculo entre dichas perspectivas divergentes.

Los distintos países y escenas plantean diferentes prioridades. ¿Es posible que estas iniciativas de colaboración y las aportaciones externas en forma de representaciones internacionales invitadas, por el contrario, entrañen el peligro de hacer todo más homogéneo? ¿Queda espacio para el trabajo específico?

Actualmente estamos trabajando en las Academias para lograr que esta riqueza de formas de expresión cultural en el continente sea percibida como recurso y que la diversidad de los planteamientos no se vea desplazada por la mercantilización o la folclorización. El trabajo que parte del contexto local tiene una fuerza política y social propia. Al mismo tiempo, todos debemos preguntarnos cómo podemos abarcar los cambios en el panorama social derivados de la globalización y la digitalización. En este sentido, para los artistas es importante volver la vista hacia lugares muy distintos del mundo y ver cómo se tratan allí las cuestiones que afectan al propio entorno social.

Proyecto de cooperación con el artista francés Olivier Grossetête: por un breve espacio de tiempo un inmenso monumento transformó la ciudad de Bogotá y su cultura de la memoria.


Todo lo anterior se refiere a las redes de colaboración entre artistas. ¿Qué puede decirnos de las redes de socios de cooperación?


Todas las Academias son modelos de cooperación. En el momento de su creación nos propusimos poner de manifiesto esta necesidad de intercambio y de debate entre los artistas de teatro latinoamericanos y recalcar que para ello se requieren estructuras regionales que trasciendan lo que pueden aportar las instituciones locales o nacionales. Como organización internacional establecimos lazos de unión con fuerzas locales y pudimos demostrar en un primer recorrido de prueba conjunto el potencial que encierra un proyecto de estas características. Seguidamente se instituyeron organizaciones patrocinadoras y se articularon las redes de socios de cooperación en las que hoy participan instituciones culturales locales, fundaciones privadas, institutos de cultura europeos y universidades. La participación del Goethe-Institut a través de su red regional de institutos con becas para artistas de Latinoamérica es cada vez más importante. Y por último, en Chile y Colombia también se han embarcado en los últimos años los organismos públicos. La red está en constante movimiento, lo cual supone cada año un desafío para las organizaciones patrocinadoras y exige una extraordinaria implicación personal y una dedicación incansable. Por otra parte, el principio modular de las Academias brinda continuamente puntos de vinculación que propician la participación de nuevos socios en la red.

Si miramos hacia el futuro y nos remitimos de nuevo al efecto de las Academias, ¿cómo cabe imaginar que continúen y qué pasará en el mejor de los casos?


En el mejor de los casos, funcionará como un sistema piramidal, y de los encuentros y las experiencias de los artistas surgirán siempre nuevos discursos transnacionales y proyectos en torno a temas para los que no existen soluciones sencillas. La necesidad del teatro experimental adquiere de este modo una dimensión en la política cultural que esperamos también reconozcan las autoridades locales y nacionales. Porque los proyectos independientes que aportan a los escenarios una gran innovación necesitan un fundamento y un espacio permanente. Solo con valentía para experimentar, el teatro podrá reaccionar mejor a las artes que lo rodean y a los desafíos sociales, y será mucho más polifacético y permeable. Y, sobre todo, podrá aprovechar su valor inherente para instaurarse como un poder social. Y es que el arte transforma a través de la vivencia.

«Necesitamos interlocutores para plantear preguntas que, a veces sin saberlo, pueden llevarnos a cuestionarnos a nosotros mismos».

Nueva representación de la sociedad
  • ¿Cómo podemos encontrar una forma de expresión para situaciones sociales extremas? – El director japonés, Akira Takayama, junto con artistas de Latinoamérica paseando por las calles de Bogotá.
    © Siemens Stiftung, Fotógrafo: Santiago Sepúlveda
  • Interactuando con los habitantes de la ciudad,…
    © Siemens Stiftung, Fotógrafo: Santiago Sepúlveda
  • …así como en mesas redondas y entrevistas personales,
    © Siemens Stiftung, Fotógrafo: Santiago Sepúlveda
  • …se llevó a cabo una aproximación a las diferentes facetas del tema «catástrofe».
    © Siemens Stiftung, Fotógrafo: Santiago Sepúlveda
  • Den Abschluss des Laboratoriums bildete eine Performance im öffentlichen Raum.
    © Siemens Stiftung, Fotógrafo: Santiago Sepúlveda
Área de trabajo:
Cultura
País/Región:
Colombia
Fragmentos del laboratorio con Akira Takayama

Nueva representación de la sociedad

¿Cómo puede el teatro desarrollar su influencia en una sociedad que intenta reconciliarse tras años de crisis políticas y violentos enfrentamientos? ¿Puede encontrar un nuevo lenguaje en tiempos de cambio? Estas son las preguntas que se plantea la Academia internacional de Artes Escénicas EXPERIMENTA SUR en Colombia. Durante dos semanas ofrece a artistas de Latinoamérica un espacio para la reflexión en común y la colaboración. Entre los invitados se encontraba también el director japonés Akira Takayama, que desarrolló en Bogotá junto con los participantes un proyecto en el espacio público – aquí dos informes de su trabajo.

Akira Takayama, director de teatro japonés y responsable del laboratorio «Traslaciones»

Akira Takayama

«El teatro no es para mí un espacio cerrado y alejado de la realidad, sino un lugar para la comunicación y el encuentro entre personas. Esa es una pretensión ambiciosa cuando uno se encuentra de repente en un continente desconocido. He intentado imaginarme Bogotá en mis sueños, he visto fotografías y he leído libros. Pero aún así, las primeras impresiones de Bogotá me han sobrecogido profundamente. Ha sido en el curso de las investigaciones que realicé en la ciudad junto con los participantes de EXPERIMENTA SUR cuando he empezado a entender muchas cosas. Al mismo tiempo, también ejercía como un «cuerpo extraño» que cuestionaba cosas ya dadas por sentado. Esto fue algo muy valioso e importante para nuestro proyecto común.

El tema central de nuestra colaboración giraba en torno a la manera de enfrentarse a catástrofes –un tema que también me preocupa profundamente en mis propios trabajos artísticos. En Japón, por ejemplo, realizé dos proyectos, «Happy Island» y «Referendum Project», sobre la catástrofe nuclear de Fukushima. Pero cuando en Japón hablamos de catástrofes, en la mayoría de los casos nos referimos a fenómenos naturales como terremotos o tsunamis. En Bogotá, en cambio, rápidamente me di cuenta de que las catástrofes no siempre pueden enfocarse de una manera tan concreta, viéndome confrontado con lo que podríamos llamar «catástrofes humanas». Después de las crisis políticas y las confrontaciones violentas del pasado, se trata de encontrar de nuevo una cohesión y un futuro común. Junto con los artistas latinoamericanos procuramos sondear el papel que puede desempeñar el teatro en este contexto.

No se trataba de presentar obras «terminadas», sino de desarrollar ideas y someterlas a debate. Nuestro laboratorio con el título «Traslaciones» tenía un enfoque más bien explorador y pretendía ofrecer una plataforma abierta para planteamientos procedentes de diferentes áreas de las artes escénicas. El modelo en el que me inspiré fue el concepto de Berthold Brecht de un teatro independiente de las instituciones, invisible y que conecta de un modo muy especial el teatro con la realidad social, por lo que hoy es más actual que nunca. En un aparcamiento de la ciudad escenificamos finalmente diferentes catástrofes sociales e individuales. La velocidad a la que a partir de ahí surgió un diálogo con los asistentes y también entre ellos fue algo fantástico.

Natasha Tiniacos, escritora venezolana y participante en el laboratorio

Natasha Tiniacos

El laboratorio de Akira me ha hecho replantearme la idea que tenía del teatro. Su forma de trabajar con la realidad, con la sociedad, me ha causado una gran impresión. En el futuro, intentaré explorar en lugares que van más allá del escritorio, detrás del cual se esconde normalmente un autor, entendiendo el teatro como un lenguaje que nos sirve para trabajar con la realidad incluso desde nuestro cuerpo.

La colaboración con los participantes de los otros países latinoamericanos ha ampliado mis horizontes. Y si bien todos vivimos en el mismo continente y nuestros países comparten ciertas similitudes en fenómenos sociopolíticos y económicos, lo cierto es que las culturas se diferencian y puestas en conversación, se enriquecen. Se escuchaban tantos dialectos del español, sin olvidar el portugués. Esto enriquecía notablemente las discusiones, ya que cada idioma y cada dialecto representan una forma de percibir y entender la vida, la realidad y la expresión humana. Ecuador, Brasil, Colombia, Cuba, Bolivia, Perú, México y Venezuela en una misma habitación, en la misma discusión, todos abordando el mismo problema, solo que desde puntos de vista muy diferentes.

Al comienzo del laboratorio fueron muchas las dificultades y los retos. Abordar el tema de la «catástrofe» no fue sencillo. ¿Cómo se consigue sentir el problema en la propia piel? En un punto del taller de trabajo cada participante contó la historia de una catástrofe que había experimentado personalmente. En ese momento ocurrió algo: Ya no éramos simples oyentes de relatos de situaciones difíciles, catástrofes naturales y desgracias personales, éramos los autores y escuchas activas del relato que denotaba algo en nosotros. Eso nos ayudó a encontrar un lenguaje propio para un tema en principio sumamente abstracto.

La última tarde debíamos presentar nuestros resultados al público –en un estacionamiento gigante, inhóspito y oscuro en medio de la ciudad. Akira quería que nos expusiéramos a la situación en silencio, hasta que nuestro cuerpo empezara a obedecer al sentido de una catástrofe en ese lugar y ese tiempo. Para mí fue una situación incómoda. Normalmente suelo estar sentada en mi escritorio y escribo. Ahora estaba allí y esperaba que mis pensamientos se comunicaran con mi cuerpo para encontrar mi propia visión personal del tema que tratábamos sin representación. Pero precisamente ese extraño momento de sentirse expuesto fue lo que finalmente me hizo comprender la intención de Akira, lo que me enseño el enorme potencial que la propia experiencia de la realidad tiene para el teatro.»

Más información de EXPERIMENTA SUR: www.experimentasur.com

«El laboratorio de Akira ha hecho replantearme la idea que tenía del teatro.»

 

 

  • ¿Cómo podemos encontrar una forma de expresión para situaciones sociales extremas? – El director japonés, Akira Takayama, junto con artistas de Latinoamérica paseando por las calles de Bogotá.
    © Siemens Stiftung, Fotógrafo: Santiago Sepúlveda
  • Interactuando con los habitantes de la ciudad,…
    © Siemens Stiftung, Fotógrafo: Santiago Sepúlveda
  • …así como en mesas redondas y entrevistas personales,
    © Siemens Stiftung, Fotógrafo: Santiago Sepúlveda
  • …se llevó a cabo una aproximación a las diferentes facetas del tema «catástrofe».
    © Siemens Stiftung, Fotógrafo: Santiago Sepúlveda
  • Den Abschluss des Laboratoriums bildete eine Performance im öffentlichen Raum.
    © Siemens Stiftung, Fotógrafo: Santiago Sepúlveda
Área de trabajo:
Cultura
País/Región:
Colombia
Fragmentos del laboratorio con Akira Takayama

Nueva representación de la sociedad

¿Cómo puede el teatro desarrollar su influencia en una sociedad que intenta reconciliarse tras años de crisis políticas y violentos enfrentamientos? ¿Puede encontrar un nuevo lenguaje en tiempos de cambio? Estas son las preguntas que se plantea la Academia internacional de Artes Escénicas EXPERIMENTA SUR en Colombia. Durante dos semanas ofrece a artistas de Latinoamérica un espacio para la reflexión en común y la colaboración. Entre los invitados se encontraba también el director japonés Akira Takayama, que desarrolló en Bogotá junto con los participantes un proyecto en el espacio público – aquí dos informes de su trabajo.

Akira Takayama, director de teatro japonés y responsable del laboratorio «Traslaciones»

Akira Takayama

«El teatro no es para mí un espacio cerrado y alejado de la realidad, sino un lugar para la comunicación y el encuentro entre personas. Esa es una pretensión ambiciosa cuando uno se encuentra de repente en un continente desconocido. He intentado imaginarme Bogotá en mis sueños, he visto fotografías y he leído libros. Pero aún así, las primeras impresiones de Bogotá me han sobrecogido profundamente. Ha sido en el curso de las investigaciones que realicé en la ciudad junto con los participantes de EXPERIMENTA SUR cuando he empezado a entender muchas cosas. Al mismo tiempo, también ejercía como un «cuerpo extraño» que cuestionaba cosas ya dadas por sentado. Esto fue algo muy valioso e importante para nuestro proyecto común.

El tema central de nuestra colaboración giraba en torno a la manera de enfrentarse a catástrofes –un tema que también me preocupa profundamente en mis propios trabajos artísticos. En Japón, por ejemplo, realizé dos proyectos, «Happy Island» y «Referendum Project», sobre la catástrofe nuclear de Fukushima. Pero cuando en Japón hablamos de catástrofes, en la mayoría de los casos nos referimos a fenómenos naturales como terremotos o tsunamis. En Bogotá, en cambio, rápidamente me di cuenta de que las catástrofes no siempre pueden enfocarse de una manera tan concreta, viéndome confrontado con lo que podríamos llamar «catástrofes humanas». Después de las crisis políticas y las confrontaciones violentas del pasado, se trata de encontrar de nuevo una cohesión y un futuro común. Junto con los artistas latinoamericanos procuramos sondear el papel que puede desempeñar el teatro en este contexto.

No se trataba de presentar obras «terminadas», sino de desarrollar ideas y someterlas a debate. Nuestro laboratorio con el título «Traslaciones» tenía un enfoque más bien explorador y pretendía ofrecer una plataforma abierta para planteamientos procedentes de diferentes áreas de las artes escénicas. El modelo en el que me inspiré fue el concepto de Berthold Brecht de un teatro independiente de las instituciones, invisible y que conecta de un modo muy especial el teatro con la realidad social, por lo que hoy es más actual que nunca. En un aparcamiento de la ciudad escenificamos finalmente diferentes catástrofes sociales e individuales. La velocidad a la que a partir de ahí surgió un diálogo con los asistentes y también entre ellos fue algo fantástico.

Natasha Tiniacos, escritora venezolana y participante en el laboratorio

Natasha Tiniacos

El laboratorio de Akira me ha hecho replantearme la idea que tenía del teatro. Su forma de trabajar con la realidad, con la sociedad, me ha causado una gran impresión. En el futuro, intentaré explorar en lugares que van más allá del escritorio, detrás del cual se esconde normalmente un autor, entendiendo el teatro como un lenguaje que nos sirve para trabajar con la realidad incluso desde nuestro cuerpo.

La colaboración con los participantes de los otros países latinoamericanos ha ampliado mis horizontes. Y si bien todos vivimos en el mismo continente y nuestros países comparten ciertas similitudes en fenómenos sociopolíticos y económicos, lo cierto es que las culturas se diferencian y puestas en conversación, se enriquecen. Se escuchaban tantos dialectos del español, sin olvidar el portugués. Esto enriquecía notablemente las discusiones, ya que cada idioma y cada dialecto representan una forma de percibir y entender la vida, la realidad y la expresión humana. Ecuador, Brasil, Colombia, Cuba, Bolivia, Perú, México y Venezuela en una misma habitación, en la misma discusión, todos abordando el mismo problema, solo que desde puntos de vista muy diferentes.

Al comienzo del laboratorio fueron muchas las dificultades y los retos. Abordar el tema de la «catástrofe» no fue sencillo. ¿Cómo se consigue sentir el problema en la propia piel? En un punto del taller de trabajo cada participante contó la historia de una catástrofe que había experimentado personalmente. En ese momento ocurrió algo: Ya no éramos simples oyentes de relatos de situaciones difíciles, catástrofes naturales y desgracias personales, éramos los autores y escuchas activas del relato que denotaba algo en nosotros. Eso nos ayudó a encontrar un lenguaje propio para un tema en principio sumamente abstracto.

La última tarde debíamos presentar nuestros resultados al público –en un estacionamiento gigante, inhóspito y oscuro en medio de la ciudad. Akira quería que nos expusiéramos a la situación en silencio, hasta que nuestro cuerpo empezara a obedecer al sentido de una catástrofe en ese lugar y ese tiempo. Para mí fue una situación incómoda. Normalmente suelo estar sentada en mi escritorio y escribo. Ahora estaba allí y esperaba que mis pensamientos se comunicaran con mi cuerpo para encontrar mi propia visión personal del tema que tratábamos sin representación. Pero precisamente ese extraño momento de sentirse expuesto fue lo que finalmente me hizo comprender la intención de Akira, lo que me enseño el enorme potencial que la propia experiencia de la realidad tiene para el teatro.»

Más información de EXPERIMENTA SUR: www.experimentasur.com

«El laboratorio de Akira ha hecho replantearme la idea que tenía del teatro.»